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25/9/12

La perra se ha escapado.


Hace ya muchos meses que no escribo en el blog. Hace ya muchos meses que la relación con mi Amo ha cambiado.

Nos hemos distanciado, aunque nos hayamos visto casi todas las semanas. Los dos nos hemos sentido cada vez más solos. Él ya no era mi Amo y yo había dejado de ser su sumisa, solo éramos dos amigos que se aferraban a una relación que iba muriendo poco a poco.

Él estaba descontento por mi falta de interés y yo sentía que Él estaba más preocupado por otras sumisas que por mi. Como ya era de esperar, llegó un día en que discutimos, nos dijimos lo que no queríamos decirnos y finalmente ambos decidimos tomarnos un tiempo.

Era la primera vez que me sentía cómoda admitiendo que la relación iba mal y que era, en parte, culpa mía. Esas semanas que dijimos que nos tomaríamos para reflexionar se me plantearon como un descanso, una forma de ver la situación desde fuera. Quería hacer mi vida sin Él, pensé que así le echaría de menos y cuando volviéramos a hablar, las cosas irían de otra forma.

Pero solo tuve un día para mentalizarme de que estaba sola, porque esa noche Él vino a casa.

No entendía qué estaba pasando. ¿Cómo era posible que por la mañana los dos estuviéramos de acuerdo en tomarnos un tiempo y solo unas horas más tarde me intentara someter? Intenté no darle importancia, intenté que las cosas fluyeran, pero no podía. Mi cuerpo se negaba a obedecer.

Le dije que se fuera.




No tengo Amo. No soy de nadie. Ahora sí que estoy sola.

No me gustó esa última visita, no la entendí, me ofendió y me enfadé.

Reaccioné convirtíendome en una perra callejera.

  • Mi ex-Amo.

En menos de 24 horas quedé con mi primer Amo. Sabía perfectamente lo que me iba a hacer, sabía que hace dos años se quedó con ganas de más, sabía que hasta podía tratarme mal. No confiaba en él, pero necesitaba sentirme la perra de alguien, tenía que demostrarme a mí misma que iba a estar bien sola, que no hacía falta tener un Dueño.

No lo traté con respeto, como hice el tiempo que estuvimos juntos. Pero a él no le importó, estaba dispuesto a someterme y utilizó mi rebeldía para aplicarme más castigos.

Me azotó sin remordimientos. Me azotó mucho más que a lo que estaba acostumbrada. Lloré, supliqué, intenté huir. Pero él siempre volvía a cogerme, despacio, me ponía en posición y seguía.

Me dejó las marcas más duras que he tenido en estos dos años de sumisión y al vérmelas me sentí bien. Me gustó intentar sentarme y ver que no podía apoyar mi culo castigado. Me gustó recibir ese castigo sin razón.

Cuando se despidió me trató como si fuera de su propiedad, pero yo lo tenía claro: no quiero un Amo. Aun me siento suya y no soporto ni siquiera llamar "Señor" a otro. No obedeceré fuera de sesión.



  • El desconocido.

Después de un día de descanso mi cuerpo necesitaba de nuevo sentirse una perra.

Las sumisas no tenemos que hacer ningún esfuerzo para conseguir compañero de juegos y si además no tienes claro qué quieres y nadie te guía, la situación puede acabar siendo peligrosa.

No hablé con él más que unas horas. Quedamos entrada la noche y me recogió en su coche.

No sabía su nombre, no sabía dónde vivía, no sabía a dónde me llevaba. Estaba con un completo desconocido. Empecé a tener miedo. Recordé todas las historias que Él me había contado para que aprendiera a tener cuidado y me pregunté si yo iba a ser una historia más que contaría a su próxima sumisa.

Paró en un gasolinera para comprar alcohol. Sentí que me estaba metiendo en algo peligroso, él estaba dentro de la tienda y yo en su coche. Se había llevado las llaves. Abrí la puerta del coche, al menos no me había dejado encerrada dentro, fuera estaba todo tan oscuro, no sabía dónde estábamos, cerré la puerta del coche, no hay vuelta atrás.

Finalmente llegamos a una casa y casi me sentí decepcionada cuando vi los juguetes que iba a usar conmigo. Tan solo unas pinzas y poco más.

Me lo pasé bien. Ese nerviosismo de no saber qué va a pasar, de no saber ni siquiera dónde estás, con quién estás... Me puso caliente.

Pero no me sentí sometida en ningún momento.


8/5/11

Sesión conjunta II. Castigo y marcas.

En un momento de descanso, la otra sumisa se quedó dormida y nosotros pensamos en acostarnos también. Yo estaba mirando unas cosas en el móvil y mi Amo quiso que se lo enseñara, pero le dije que no en tono burlón, que lo mirara en el suyo. Me recordó que a la que se portara mal la sacaría a la terraza a dormir. Creí que seguíamos de broma y le dije, que vale, que me sacara si quería.

Me quitó la camiseta que era todo lo que llevaba puesto y tiró de mí hacia la terraza. Le dije que solo era una broma, que no lo decía en serio, pero le dio igual. Abrió la puerta y entró una oleada de frío. Le rogué que no lo hiciera, pero con un empujón me sacó, cerró la puerta tras de mí y bajó la persiana.

Me quedé desnuda, tiritando de frío y pegada a la puerta en la oscuridad de la noche. Intenté escuchar qué pasaba dentro de la casa. No lo oía cerca de la puerta, se había ido. Me había dejado fuera y cada vez tenía más frío.

Solo quería volver dentro, disculparme y abrazarle, sentir su calor y su protección.

Cuando me empezaba a desesperar me abrió y me dejó pasar. Y eso hice. Le abracé y me disculpé.

-Querías llamar la atención, ¿verdad?

Me dijo que me quería marcar, que me daría unos azotes para que en los próximos días no me olvidara de él (ya ves, aquí me tiene, como para olvidarme aun sin azotes) 50 azotes con la vara que me dejarían unas bonitas marcas. Uno tras otro cayeron sobre mi culo esos azotes, con algunos descansos entre medio para poder aguantarlos. Esos descansos me ayudaron, pero no los quería. Quería que no parara, que me los diera todos seguidos aunque no lo pudiera aguantar, quería sentirlos y quería tener sus marcas. 

Cuando acabó se los agradecí. Me llevó donde estaba la otra sumisa, que con los ruidos de azotes y mis gritos no había podido dormir y se los enseñó, le dijo que a la mañana siguiente ella también tendría esas marcas. 
Unas preciosas marcas rojas alargadas que ahora cada vez que paso por delante de un espejo las miro con cariño y excitación. 

Sesión conjunta II. Azotes.

Las dos sumisas tumbadas boca abajo en el colchón. Cara a cara esperábamos impacientes los azotes del Amo. Notaba el aire de la respiración nerviosa de mi compañera en mi cara mientras miraba de reojo al Amo que nos acariciaba las nalgas con tranquilidad.

Los azotes empezaron. Fuertes pero a la vez suaves, es la magia de azotar con la mano. Esas caricias que nos hacían ahogar los gritos pasaban de una a otra hasta que sentías su mano solo con escuchar el chasquido en la nalga de la compañera.

El Amo se levantó y fue a otra habitación. Nosotras nos quedamos calladas mirando hacia donde se había ido intentando adivinar qué traería. Oímos un tintineo metálico.

-Cinturón-dije.

A cuatro patas el cinturón caía sobre mi espalda y sobre mi culo, mi compañera esperaba mientras me oía alternar gritos de placer y de dolor. Luego le tocó a ella y pude ver la velocidad y la fuerza con la que chocaba el cinto contra su cuerpo.

Pero no se quedó satisfecha. Dijo que a ella le habían tocado menos azotes y que quería más. Me preocupó escuchar eso. Yo también lo había pensado, pero es el Amo quien decide qué pasa durante la sesión, tal vez le tenía reservada otra cosa. Se ganó un castigo.

El Amo cogió la vara mientras ella pedía que no la azotara con eso, pero los tres sabíamos que ya era demasiado tarde. No conté cuantos azotes fueron. Tuve que apartar la mirada, me dolía verla soportando el castigo.

Lo curioso de esto es que aunque me hubiera parecido justo el castigo, cuando mi Amo le dijo que no debía quejarse así y siguió con otra conversación, yo le contesté de forma un tanto irrespetuosa y burlona, pero lo justo para no ganarme un castigo. Fue como si mi parte de sumisa rebelde intentara defender a mi compañera.
Supongo que son los peligros de juntar a dos sumisas.

28/3/11

Nuevas sensaciones



Llevaba ya un tiempo sin actualizar el blog y ¡no han pasado pocas cosas en mi vida sumisa! En las últimas sesiones me he visto mucho más unida a mi Amo, con más ganas de complacerle, admirándolo y respetándolo más. Pero eso no ha evitado que me haya ganado un castigo...

Mi Amo no suele castigarme, él dice que es porque no le doy muchas razones, pero hace unos días me costó obedecerle. Tuvo que repetir varias veces la orden y yo fui incapaz de reaccionar, tenía miedo y desconfié de él... Sin razón, porque cuando conseguí obedecer, vi que no hacía falta ni tener miedo, ni desconfiar. Pero ya había fallado. Esa fue la causa de los siguientes 30 azotes con vara. No estoy acostumbrada a sus castigos y ya con el hecho de haberle fallado me sentía muy mal. Aun así recibí los azotes y me sentí aliviada de recibir con ellos también el perdón.

Ese momento me hizo recuperar mis ansias por mejorar como sumisa. No quiero dudar, no quiero desobedecer ni desconfiar. La solución es la práctica, así que hoy mismo he pedido a mi Amo que me ordene cosas que sabe que no me gustan para así aprender a obedecer.


No sé si por ese deseo o simplemente por casualidad hoy me ha dado la orden de comportarme como una perra. Si se trata de hacer el tonto, ladrar y mover el culo como si tuviera un rabito peludo, se me da genial. Pero con mi Amo sentado delante de mí, serio y yo de rodillas ante él, la cosa cambia. Me he quedado sin habla.

-Ladra, perrita.

"Dios, ¿cómo se ladraba?" mi cabeza pensaba "guau" y ahí se quedaba, no llegaba más que a medio camino de la garganta. Nerviosa, notaba cómo me iba enrojeciendo casi más por controlar la respiración que por vergüenza, puesto que no era vergüenza lo que sentía, sino humillación. La más grande humillación que he sentido desde hace mucho tiempo.

-Ladra, perrita.

Después de que mi Amo repitiese la orden varias veces consiguiendo de mí un sutil "guau" (así, con todas las letras) me he empezado a agobiar, ¿me estaba ganando otro castigo?, ¿cómo podía resultarme tan difícil hacer lo que me ordenaba?

Pues guau, guau y GUAU! Finalmente he conseguido sonar como una perrita mientras esperaba a cuatro patas a que mi Amo me usara.