Cuando aun estaba con mi primer Amo estaba impaciente porque me cediera, ver a otros Amos y otras sumisas. Era más morbo que otra cosa. Él también estaba interesado, pero no se pudo hacer por falta de tiempo. Ahora veo que me precipitaba al querer algo así, era demasiado pronto, me faltaba experiencia aunque yo me sintiera preparada.
Meses más tarde, ya con mi Amo, tuve mi primera experiencia con otro Amo y otra sumisa. Claro está, yo era la que menos experiencia tenía en esa casa. Me sentía un poco perdida, la niña que quería aprender y se dejaba llevar por los que sabían. Era la primera vez que veía cómo azotaban a otra sumisa. Me sentí mal por el dolor que se veía en su cara. Usaron un flogger. Nunca lo habían usado conmigo, no sabía cómo se sentía, así que se me hacía todavía más difícil pensar por lo que estaba pasando esa sumisa. Pero lo que más me impresionó fue ver a mi Amo azotándola.
Después fue mi turno y pude comprobar que el flogger me daba más placer que dolor. Debería comprar uno, de esos largos y pesados, solo de recordar esos azotes me dan escalofríos. Le pedía más y más azotes y aun ahora siento que fueron pocos. Yo que tenía la vara como mi instrumento favorito, con esas marcas preciosas, el dolor profundizando muy adentro... lo que me falta por descubrir.

Su Amo le dijo que debía recompensarme después de los azotes. No me lo esperaba y tampoco mi Amo, que al no oir lo que iba a pasar y ver que la sumisa me llevaba al sofá se apresuró a preguntar. Me gustó que preguntara, me siento protegida en estas situaciones porque sé que él las controla y si no quiere que algo me pase, lo corta.
Con pinzas en mis pezones y en mi coño esperaba mi recompensa. La sumisa empezó a lamerme y a tocarme. Mi Amo veía la escena. Me he dado cuenta que una de las cosas que más me gustan es sentir que mi Amo me observa en estas situaciones. Aunque a veces haga fotos o vídeos, verme en esa situación una vez ya ha pasado no me agrada, son mejores los recuerdos.
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