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8/5/11

Sesión conjunta II. Castigo y marcas.

En un momento de descanso, la otra sumisa se quedó dormida y nosotros pensamos en acostarnos también. Yo estaba mirando unas cosas en el móvil y mi Amo quiso que se lo enseñara, pero le dije que no en tono burlón, que lo mirara en el suyo. Me recordó que a la que se portara mal la sacaría a la terraza a dormir. Creí que seguíamos de broma y le dije, que vale, que me sacara si quería.

Me quitó la camiseta que era todo lo que llevaba puesto y tiró de mí hacia la terraza. Le dije que solo era una broma, que no lo decía en serio, pero le dio igual. Abrió la puerta y entró una oleada de frío. Le rogué que no lo hiciera, pero con un empujón me sacó, cerró la puerta tras de mí y bajó la persiana.

Me quedé desnuda, tiritando de frío y pegada a la puerta en la oscuridad de la noche. Intenté escuchar qué pasaba dentro de la casa. No lo oía cerca de la puerta, se había ido. Me había dejado fuera y cada vez tenía más frío.

Solo quería volver dentro, disculparme y abrazarle, sentir su calor y su protección.

Cuando me empezaba a desesperar me abrió y me dejó pasar. Y eso hice. Le abracé y me disculpé.

-Querías llamar la atención, ¿verdad?

Me dijo que me quería marcar, que me daría unos azotes para que en los próximos días no me olvidara de él (ya ves, aquí me tiene, como para olvidarme aun sin azotes) 50 azotes con la vara que me dejarían unas bonitas marcas. Uno tras otro cayeron sobre mi culo esos azotes, con algunos descansos entre medio para poder aguantarlos. Esos descansos me ayudaron, pero no los quería. Quería que no parara, que me los diera todos seguidos aunque no lo pudiera aguantar, quería sentirlos y quería tener sus marcas. 

Cuando acabó se los agradecí. Me llevó donde estaba la otra sumisa, que con los ruidos de azotes y mis gritos no había podido dormir y se los enseñó, le dijo que a la mañana siguiente ella también tendría esas marcas. 
Unas preciosas marcas rojas alargadas que ahora cada vez que paso por delante de un espejo las miro con cariño y excitación. 

Sesión conjunta II. Azotes.

Las dos sumisas tumbadas boca abajo en el colchón. Cara a cara esperábamos impacientes los azotes del Amo. Notaba el aire de la respiración nerviosa de mi compañera en mi cara mientras miraba de reojo al Amo que nos acariciaba las nalgas con tranquilidad.

Los azotes empezaron. Fuertes pero a la vez suaves, es la magia de azotar con la mano. Esas caricias que nos hacían ahogar los gritos pasaban de una a otra hasta que sentías su mano solo con escuchar el chasquido en la nalga de la compañera.

El Amo se levantó y fue a otra habitación. Nosotras nos quedamos calladas mirando hacia donde se había ido intentando adivinar qué traería. Oímos un tintineo metálico.

-Cinturón-dije.

A cuatro patas el cinturón caía sobre mi espalda y sobre mi culo, mi compañera esperaba mientras me oía alternar gritos de placer y de dolor. Luego le tocó a ella y pude ver la velocidad y la fuerza con la que chocaba el cinto contra su cuerpo.

Pero no se quedó satisfecha. Dijo que a ella le habían tocado menos azotes y que quería más. Me preocupó escuchar eso. Yo también lo había pensado, pero es el Amo quien decide qué pasa durante la sesión, tal vez le tenía reservada otra cosa. Se ganó un castigo.

El Amo cogió la vara mientras ella pedía que no la azotara con eso, pero los tres sabíamos que ya era demasiado tarde. No conté cuantos azotes fueron. Tuve que apartar la mirada, me dolía verla soportando el castigo.

Lo curioso de esto es que aunque me hubiera parecido justo el castigo, cuando mi Amo le dijo que no debía quejarse así y siguió con otra conversación, yo le contesté de forma un tanto irrespetuosa y burlona, pero lo justo para no ganarme un castigo. Fue como si mi parte de sumisa rebelde intentara defender a mi compañera.
Supongo que son los peligros de juntar a dos sumisas.

17/3/11

Volvió el pasado

Estaba en la ducha lavándome para que mi Amo me encontrara bien limpia y fresca cuando se me ocurrió que aun iba a tardar un rato en llegar y que yo estaba demasiado caliente como para esperar más. No vi inconveniente en juguetear un poquito con el plug inflable. El problema está en que mientras yo me aliviaba mi Amo me llamaba unas tres veces al teléfono y se desesperaba en el coche sin saber si iba a estar en casa o no...

Me sentí muy mal cuando me contó eso y él se debió sentir peor cuando le confesé lo que había estado haciendo yo en vez de esperarle. Me habló de forma dura, hizo que me sintiera todavía más culpable y me asustó comentando que tal vez me tendría que poner un cinturón de castidad.

Me hizo traer la vara y una cuerda al salón. En cuanto vi cómo comprobaba la resistencia de la estantería recordé los castigos de mi anterior Amo. Me dijo que me apoyara en el sofá y empezó a atarme el cuello y las muñecas a la estantería. A cada nudo recordaba los azotes que recibí de mi anterior Amo en ese mismo lugar. Temblaba y notaba cómo se me empezaban a saltar las lágrimas. Los castigos de mi anterior Amo eran muy duros, lo pasaba muy mal y siempre acababa llorando porque eso era lo que mi Amo de entonces buscaba. Pero ya desde hace meses no me veía en esa situación y me asusté pensando que no iba a ser capaz de aguantarlo de nuevo después de tanto tiempo.

Él se dio cuenta de que me pasaba algo y me preguntó, le dije que estaba nerviosa porque iba a castigarme por lo que había pasado. Pero me dijo que no estaba enfadado, no quería castigarme. Mi cuerpo se fue relajando y aunque el mal trago no se me pasó, mi cabeza se despejó. Mi Amo solo quería azotarme. De repente no me importó si iban a ser unos azotes muy duros o si iban a ser muchos, mi espalda se arqueó sin darme cuenta y mi culo quedó en manos de mi Amo y la vara.

Los azotes empezaron muy flojos, no me dolían, pero las lágrimas no paraban por los nervios. Le agradezco que tuviera cuidado, de otra manera lo habría pasado realmente mal. La fuerza de los golpes fue aumentando hasta que quedaron en mis nalgas unas preciosas marcas de las que estar orgullosa, por haber superado la situación, por volver a confiar en mi Amo después de un momento de flaqueza y, simplemente, por ser Sus marcas.