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25/9/12

La perra se ha escapado.


Hace ya muchos meses que no escribo en el blog. Hace ya muchos meses que la relación con mi Amo ha cambiado.

Nos hemos distanciado, aunque nos hayamos visto casi todas las semanas. Los dos nos hemos sentido cada vez más solos. Él ya no era mi Amo y yo había dejado de ser su sumisa, solo éramos dos amigos que se aferraban a una relación que iba muriendo poco a poco.

Él estaba descontento por mi falta de interés y yo sentía que Él estaba más preocupado por otras sumisas que por mi. Como ya era de esperar, llegó un día en que discutimos, nos dijimos lo que no queríamos decirnos y finalmente ambos decidimos tomarnos un tiempo.

Era la primera vez que me sentía cómoda admitiendo que la relación iba mal y que era, en parte, culpa mía. Esas semanas que dijimos que nos tomaríamos para reflexionar se me plantearon como un descanso, una forma de ver la situación desde fuera. Quería hacer mi vida sin Él, pensé que así le echaría de menos y cuando volviéramos a hablar, las cosas irían de otra forma.

Pero solo tuve un día para mentalizarme de que estaba sola, porque esa noche Él vino a casa.

No entendía qué estaba pasando. ¿Cómo era posible que por la mañana los dos estuviéramos de acuerdo en tomarnos un tiempo y solo unas horas más tarde me intentara someter? Intenté no darle importancia, intenté que las cosas fluyeran, pero no podía. Mi cuerpo se negaba a obedecer.

Le dije que se fuera.




No tengo Amo. No soy de nadie. Ahora sí que estoy sola.

No me gustó esa última visita, no la entendí, me ofendió y me enfadé.

Reaccioné convirtíendome en una perra callejera.

  • Mi ex-Amo.

En menos de 24 horas quedé con mi primer Amo. Sabía perfectamente lo que me iba a hacer, sabía que hace dos años se quedó con ganas de más, sabía que hasta podía tratarme mal. No confiaba en él, pero necesitaba sentirme la perra de alguien, tenía que demostrarme a mí misma que iba a estar bien sola, que no hacía falta tener un Dueño.

No lo traté con respeto, como hice el tiempo que estuvimos juntos. Pero a él no le importó, estaba dispuesto a someterme y utilizó mi rebeldía para aplicarme más castigos.

Me azotó sin remordimientos. Me azotó mucho más que a lo que estaba acostumbrada. Lloré, supliqué, intenté huir. Pero él siempre volvía a cogerme, despacio, me ponía en posición y seguía.

Me dejó las marcas más duras que he tenido en estos dos años de sumisión y al vérmelas me sentí bien. Me gustó intentar sentarme y ver que no podía apoyar mi culo castigado. Me gustó recibir ese castigo sin razón.

Cuando se despidió me trató como si fuera de su propiedad, pero yo lo tenía claro: no quiero un Amo. Aun me siento suya y no soporto ni siquiera llamar "Señor" a otro. No obedeceré fuera de sesión.



  • El desconocido.

Después de un día de descanso mi cuerpo necesitaba de nuevo sentirse una perra.

Las sumisas no tenemos que hacer ningún esfuerzo para conseguir compañero de juegos y si además no tienes claro qué quieres y nadie te guía, la situación puede acabar siendo peligrosa.

No hablé con él más que unas horas. Quedamos entrada la noche y me recogió en su coche.

No sabía su nombre, no sabía dónde vivía, no sabía a dónde me llevaba. Estaba con un completo desconocido. Empecé a tener miedo. Recordé todas las historias que Él me había contado para que aprendiera a tener cuidado y me pregunté si yo iba a ser una historia más que contaría a su próxima sumisa.

Paró en un gasolinera para comprar alcohol. Sentí que me estaba metiendo en algo peligroso, él estaba dentro de la tienda y yo en su coche. Se había llevado las llaves. Abrí la puerta del coche, al menos no me había dejado encerrada dentro, fuera estaba todo tan oscuro, no sabía dónde estábamos, cerré la puerta del coche, no hay vuelta atrás.

Finalmente llegamos a una casa y casi me sentí decepcionada cuando vi los juguetes que iba a usar conmigo. Tan solo unas pinzas y poco más.

Me lo pasé bien. Ese nerviosismo de no saber qué va a pasar, de no saber ni siquiera dónde estás, con quién estás... Me puso caliente.

Pero no me sentí sometida en ningún momento.


8/5/11

Sesión conjunta II. Castigo y marcas.

En un momento de descanso, la otra sumisa se quedó dormida y nosotros pensamos en acostarnos también. Yo estaba mirando unas cosas en el móvil y mi Amo quiso que se lo enseñara, pero le dije que no en tono burlón, que lo mirara en el suyo. Me recordó que a la que se portara mal la sacaría a la terraza a dormir. Creí que seguíamos de broma y le dije, que vale, que me sacara si quería.

Me quitó la camiseta que era todo lo que llevaba puesto y tiró de mí hacia la terraza. Le dije que solo era una broma, que no lo decía en serio, pero le dio igual. Abrió la puerta y entró una oleada de frío. Le rogué que no lo hiciera, pero con un empujón me sacó, cerró la puerta tras de mí y bajó la persiana.

Me quedé desnuda, tiritando de frío y pegada a la puerta en la oscuridad de la noche. Intenté escuchar qué pasaba dentro de la casa. No lo oía cerca de la puerta, se había ido. Me había dejado fuera y cada vez tenía más frío.

Solo quería volver dentro, disculparme y abrazarle, sentir su calor y su protección.

Cuando me empezaba a desesperar me abrió y me dejó pasar. Y eso hice. Le abracé y me disculpé.

-Querías llamar la atención, ¿verdad?

Me dijo que me quería marcar, que me daría unos azotes para que en los próximos días no me olvidara de él (ya ves, aquí me tiene, como para olvidarme aun sin azotes) 50 azotes con la vara que me dejarían unas bonitas marcas. Uno tras otro cayeron sobre mi culo esos azotes, con algunos descansos entre medio para poder aguantarlos. Esos descansos me ayudaron, pero no los quería. Quería que no parara, que me los diera todos seguidos aunque no lo pudiera aguantar, quería sentirlos y quería tener sus marcas. 

Cuando acabó se los agradecí. Me llevó donde estaba la otra sumisa, que con los ruidos de azotes y mis gritos no había podido dormir y se los enseñó, le dijo que a la mañana siguiente ella también tendría esas marcas. 
Unas preciosas marcas rojas alargadas que ahora cada vez que paso por delante de un espejo las miro con cariño y excitación. 

Sesión conjunta II. Azotes.

Las dos sumisas tumbadas boca abajo en el colchón. Cara a cara esperábamos impacientes los azotes del Amo. Notaba el aire de la respiración nerviosa de mi compañera en mi cara mientras miraba de reojo al Amo que nos acariciaba las nalgas con tranquilidad.

Los azotes empezaron. Fuertes pero a la vez suaves, es la magia de azotar con la mano. Esas caricias que nos hacían ahogar los gritos pasaban de una a otra hasta que sentías su mano solo con escuchar el chasquido en la nalga de la compañera.

El Amo se levantó y fue a otra habitación. Nosotras nos quedamos calladas mirando hacia donde se había ido intentando adivinar qué traería. Oímos un tintineo metálico.

-Cinturón-dije.

A cuatro patas el cinturón caía sobre mi espalda y sobre mi culo, mi compañera esperaba mientras me oía alternar gritos de placer y de dolor. Luego le tocó a ella y pude ver la velocidad y la fuerza con la que chocaba el cinto contra su cuerpo.

Pero no se quedó satisfecha. Dijo que a ella le habían tocado menos azotes y que quería más. Me preocupó escuchar eso. Yo también lo había pensado, pero es el Amo quien decide qué pasa durante la sesión, tal vez le tenía reservada otra cosa. Se ganó un castigo.

El Amo cogió la vara mientras ella pedía que no la azotara con eso, pero los tres sabíamos que ya era demasiado tarde. No conté cuantos azotes fueron. Tuve que apartar la mirada, me dolía verla soportando el castigo.

Lo curioso de esto es que aunque me hubiera parecido justo el castigo, cuando mi Amo le dijo que no debía quejarse así y siguió con otra conversación, yo le contesté de forma un tanto irrespetuosa y burlona, pero lo justo para no ganarme un castigo. Fue como si mi parte de sumisa rebelde intentara defender a mi compañera.
Supongo que son los peligros de juntar a dos sumisas.

5/5/11

Primera sesión conjunta.


Como un destello pensé que tal vez mi Amo no vendría solo. Estaba planeada una sesión conjunta, pero no sabía los detalles –esos detalles que tanto me gustan. Como a qué hora llegaría exactamente, cómo debería ir vestida, cuánto duraría la sesión…

Pues llegó acompañado y yo en camisón y descalza. Tras las primeras vergüenzas y los primeros besos nos fuimos al sofá y casi inmediatamente me vi desnuda y desnudando a esa sumisa de la que estaba segura  ni conocía su verdadero nombre (buen punto lo del camisón, fácil de quitar y choque para la pobre chica que veía por primera vez un cuerpo desnudo de mujer tan cerquita del suyo)

Me gustaron esos primeros arrumacos, entrecortados con risas de nerviosismo y miradas al Amo para ver si le gustaba lo que hacíamos. Si bien es verdad que se me fue esa magia de la sumisión por la situación tan graciosa de ver los primeros pasos de una chica no muy bisexual hacia entre mis piernas.

Una vez bien hechas las presentaciones mi Amo trajo la vara. Yo venía avisada de que la sesión iba a ser muy dura y a cuatro patas, agarrando con fuerza las manos de la otra sumisa, esperé los azotes. Aun a riesgo de recibir una sanción de mi Amo –cosa que suele pasar cuando después de recuperarme de los azotes, bien resuelta le digo que no ha sido para tanto, debo confesar que no fue una sesión fuerte. Fue relajada, agradable y agradecida por mi parte. Los azotes con la vara y el cinturón me supieron a gloria, quitando unos pocos con los que tuve que controlarme, pero mirando a la otra sumisa a la cara, viendo su reacción al chasquido del cinturón, a la vara cortando el viento, la sensación no fue la misma de siempre, tal vez por ello aguanté mejor.

Lo mismo le tocó a ella y entonces fui yo la que cerraba los ojos cuando la vara caía sobre las nalgas de mi compañera y que sufría al ver el impulso que mi Amo le daba al cinturón. No sé si fue buena idea que mi Amo dijera en ese momento que yo podía parar los azotes dándole un beso a la sumisa. Miraba concentrada su cara y cuando veía demasiado dolor en ella me lanzaba a besarla mirando a mi Amo. No me sentía muy cómoda en esa situación. Me dolía verla aguantando el dolor, pero también quería que mi Amo disfrutara azotándola.

Fue en la cama donde mejor lo pasé. Las dos sumisas dando placer al Amo y a su entera disposición para lo que él deseara. 

También me parece importante decir que sentí la cera de otra manera. Me dio placer. No una mezcla de placer y dolor. Solo placer, en la parte alta de la espalda. Me pareció muy curioso. Siempre me cuesta no revolverme cuando van cayendo esas gotitas ardientes en mi cuerpo, pero esta vez deseé que no acabara.

No hay más que decir. Fue la mejor experiencia de mi vida sin duda alguna y estoy deseando que se repita.

17/3/11

Volvió el pasado

Estaba en la ducha lavándome para que mi Amo me encontrara bien limpia y fresca cuando se me ocurrió que aun iba a tardar un rato en llegar y que yo estaba demasiado caliente como para esperar más. No vi inconveniente en juguetear un poquito con el plug inflable. El problema está en que mientras yo me aliviaba mi Amo me llamaba unas tres veces al teléfono y se desesperaba en el coche sin saber si iba a estar en casa o no...

Me sentí muy mal cuando me contó eso y él se debió sentir peor cuando le confesé lo que había estado haciendo yo en vez de esperarle. Me habló de forma dura, hizo que me sintiera todavía más culpable y me asustó comentando que tal vez me tendría que poner un cinturón de castidad.

Me hizo traer la vara y una cuerda al salón. En cuanto vi cómo comprobaba la resistencia de la estantería recordé los castigos de mi anterior Amo. Me dijo que me apoyara en el sofá y empezó a atarme el cuello y las muñecas a la estantería. A cada nudo recordaba los azotes que recibí de mi anterior Amo en ese mismo lugar. Temblaba y notaba cómo se me empezaban a saltar las lágrimas. Los castigos de mi anterior Amo eran muy duros, lo pasaba muy mal y siempre acababa llorando porque eso era lo que mi Amo de entonces buscaba. Pero ya desde hace meses no me veía en esa situación y me asusté pensando que no iba a ser capaz de aguantarlo de nuevo después de tanto tiempo.

Él se dio cuenta de que me pasaba algo y me preguntó, le dije que estaba nerviosa porque iba a castigarme por lo que había pasado. Pero me dijo que no estaba enfadado, no quería castigarme. Mi cuerpo se fue relajando y aunque el mal trago no se me pasó, mi cabeza se despejó. Mi Amo solo quería azotarme. De repente no me importó si iban a ser unos azotes muy duros o si iban a ser muchos, mi espalda se arqueó sin darme cuenta y mi culo quedó en manos de mi Amo y la vara.

Los azotes empezaron muy flojos, no me dolían, pero las lágrimas no paraban por los nervios. Le agradezco que tuviera cuidado, de otra manera lo habría pasado realmente mal. La fuerza de los golpes fue aumentando hasta que quedaron en mis nalgas unas preciosas marcas de las que estar orgullosa, por haber superado la situación, por volver a confiar en mi Amo después de un momento de flaqueza y, simplemente, por ser Sus marcas.

26/2/11

Lo que usted quiera

Desde que mi anterior Amo me iniciara como sumisa he tenido la fijación, implantada por él, de no decir qué me apetece o qué me gustaría en una sesión. Mi anterior Amo se disgustaba cuando daba mi opinión, esto no significa que tuviera prohibido darla, solo era en determinadas situaciones. Me enseñó a desear lo que él deseara. Así empecé con el famoso "lo que usted quiera".

Cuando conocí a mi actual Amo cambiaron muchas cosas. Tuve que olvidar muchas normas y aprender nuevas. Algunas situaciones mejoraron, pero otras me resultaron difíciles de aceptar, ya fuera porque estaba acostumbrada a mi anterior Amo, o porque no entendía por qué debía cambiar mi comportamiento.

Una de las cosas que no consigo cambiar de mi primer Amo es el "lo que usted quiera".

Cuando mi Amo me llevó a una sesión con otro Amo y su esclava me dijeron que ella siempre deseaba lo que su Amo deseara, nunca diría su opinión y durante el rato que pasamos con ellos oí varias veces ese "lo que usted quiera". ¿Solo lo pueden/deben usar las esclavas?

Como ya dije en otro post, a mi Amo le gusta la comunicación, saber qué me gusta y qué me apetece en cada momento. ¡Pero a mí me sigue saliendo el "lo que usted quiera"! Realmente quiero lo que él quiera, no consigo pensar lo que me apetece a mí porque es lo que le apetezca a él. Normalmente me sentía mal cuando se daba esta situación porque sentía que mi Amo no conseguía lo que quería -saber lo que me gustaba- pero el otro día...

Después de sentir la cera en mi culo mi Amo me puso en posición para recibir unos azotes con la vara. Me dolieron, he vuelto a olvidar la vara. Me dijo que le mirara por el espejo, no suele gustarme eso, veo desde dónde cae la vara y me asusto más, pero sé que a él le gusta. Después de unos azotes llegó la pregunta:

"Te voy a marcar, ¿lo deseas?"

Por supuesto contesté con "lo que usted quiera". Lo que cambió fue que él me dijo que quería marcarme, que eso le gustaba mucho. Sentí alivio y le dije que a mí me gustaban sus marcas. Me dijo que podía cerrar los ojos, cosa que hago cuando los azotes van a ser duros, pero no quise, me quedé mirándole y viendo cómo la vara cortaba el aire hasta chocar contra mi culo y sorprendentemente no me dolieron tanto como otras veces.

12/1/11

Año Nuevo... ¡Amo nuevo?

Pero ¿qué le está pasando a mi Amo?

En el día de Reyes se cumplieron mis deseos. Mi cuerpo se estremeció cuando le oí decir que no iba a haber límites, que iba a ser su esclava. Me puse caliente solo de oír esas palabras de su boca, pero me vinieron a la cabeza algunas preguntas y preocupaciones ¿Superaría mi Amo algunos de los anteriores límites? ¿Sería yo capaz de aguantar o acabaría decepcionándole?

No hay límites.

Por primera vez sentí unos azotes con el cinturón duros que parecía que me iban a atravesar la espalda. Al primero quise huir. ¡Posición! Me quedé quieta y aguanté los siguientes sin respirar. No recuerdo si le di las gracias a mi Amo por aquellos azotes, pero creo que me gustaron.

Me hizo comerle la polla. Hasta el fondo. No era la primera vez, pero lo hizo con más fuerza agarrándome la cabeza. Cuando me la sacó de la boca tosí y me dijo que si lo necesitaba podía vomitar. Creo que quería hacerme vomitar o al menos no le habría importado que pasara. Tengo miedo de que llegue ese momento, me sentiría muy violenta, pasaría vergüenza además del malestar.

Tocan agujas. Coge una jeringuilla. Yo de rodillas con las manos a la espalda espero el pinchazo en el pecho. Toma impulso. ¡No puedo! Siento pánico con los primeros pinchazos. No quiero verlo, pero lo tengo delante. Se me saltan las lágrimas. No voy a poder, y se lo pedí yo. Quiero hacerlo, pero no consigo controlarme, me muevo en cuanto veo que se me acerca la aguja. Dice que me tranquilice y al final lo consigo. Pinchazo. No era para tanto, aunque las lágrimas no paran de correr por mi cara.

-Ahora lo vas a hacer tú.

Sabe que eso es imposible, ya lo intenté delante de él una vez y lo intenté a solas para practicar. La mano se me para antes de llegar a la piel, es un acto reflejo y eso no lo puedo controlar. Me coge la mano que lleva la jeringuilla. Lo haremos juntos. Casi no podía respirar del nerviosismo. Varios intentos y... pinchazo. No me lo puedo creer. No puedo describir lo que sentí.

Un poco mareada me lleva a la cama y sigue con las agujas. Ya estoy más tranquila y las aguanto mejor.

-Hazlo tú.

¿Otra vez? Lo hago lento. Cojo la aguja y la pongo sobre mi culo. El mira en silencio. Luché contra mí misma con todas mis fuerzas y solo conseguí atravesar la primera capa de piel. Noté cómo la rompía la aguja y tocaba la siguiente, más sensible y más dura.

-¡Hazlo! ¡Ahora!

Aprieto conscientemente y noto como mientras la aguja empieza a atravesar la segunda capa de piel una fuerza inconsciente empuja hacia arriba para sacarla. Grito y no tanto de dolor sino por la batalla mental que tengo que superar para obedecer a mi Amo. Y se rompe la segunda capa y el resto del camino es blando.
Vi que a mi Amo le gustaba ver eso. Me quitó la aguja y me preguntó si podría hacerlo otra vez.

-Sí.

Me encuentro con que la aguja vuelve a mis manos y tengo que repetir todo el proceso de nuevo, esta vez con más facilidad.

Como siempre me dijo que no comprara agujas, que no las necesitaba. Sé que le gustan, y de vez en cuando me apetece usarlas, me gusta tener alguna es casa, por si acaso.

Acabó el día y pensé que volvía a ser su sumisa, no su esclava, que volvía a tener mis límites, que sólo había sido una prueba.

Hoy he vuelto a ser esclava sin límites.

No sabía si esta situación le iba a gustar a mi Amo. No sé si él ha cambiado o es nuestra relación, tal vez tengamos más confianza (yo la siento, pero no puedo evitar pensar en ello) Desde Navidades he notado un cambio en mi Amo, un cambio en mí y un cambio en nuestra relación. ¿A dónde nos lleva esto?

Ahora necesito que alguien me explique qué significa "no tener límites". ¿Cómo debo comportarme desde ahora? ¿Esperará mi Amo algo de mí en lo que aun no he pensado?

1/1/11

Recuerdo una noche

Después de mi última experiencia con la electricidad pasé la noche con mi Amo. Pienso en esto ahora, porque hace ya mucho que no dormimos juntos y empiezo a olvidar cómo es pasar una noche junto a él.

Me empiezo a olvidar del momento triste del "buenas noches", que solo consigo alargar acariciándole el pelo y viendo cómo poco a poco su respiración se va ralentizando. Su tranquilidad nocturna me acuna hasta que no puedo sostenerme y me tumbo junto a él.

Me empiezo a olvidar de su brazo recogiendo todo mi cuerpo y apretándome contra él, ese peso dulce que tantas noches he disfrutado. Y su calor que me calienta hasta que caigo en un profundo sueño del que él mismo me saca pocas horas después.

Y me mueve y noto cómo me abre las piernas. Pero yo sigo soñando y los sueños se me mezclan con realidades, hasta que noto su cuerpo sobre mí y despierto en un mar de placer.

Pero esa noche no fue así. Desperté con las piernas abiertas y no confié en que mi Amo me daría placer. Le pregunté si llevaba condón, le pedí que me dejara tocarlo, le dije que tenía que comprobarlo. ¿Es que acaso no confío en él? ¿Por qué despierto así en vez de sumisa y complaciente?

Se me vinieron a la cabeza otras situaciones pasadas, tal vez sin importancia para él, pero mi cabeza funciona así. La primera o segunda vez que nos vimos, él quería asegurarse de que yo nunca dejaría que nadie me follara sin condón y jugó conmigo para ponerme a prueba, yo caí la primera vez, pero aprendí la lección. Y otra noche, los dos muy cansados, y sin pensar él quiso usarme, le recordé el condón y fue a cogerlo.

¿Por qué esta ocasión no iba a ser una prueba? ¿Cómo puedo saber cuándo confiar y cuando no?

También me empiezo a olvidar de sus azotes. Cuando esa noche ya acababa, despiertos los dos, empezó a azotarme con un cinturón. Y yo le pedía más y más. No recuerdo otra vez con él en la que me azotara durante tanto tiempo. Yo disfruté mucho, aunque en algún momento me desconcentrara, pero ¿y él? Sé que le gusta azotarme, pero también le gusta darme bofetadas y también recuerdo un día en el que se las pedí más fuertes (y él me las dio) que luego me dijo que así no le gustaban. ¿Puede ser que esos azotes tampoco le gustaran?

Él me insiste en que haya comunicación, que le diga cuándo me gustan los azotes y cuándo no. Pero ¿cómo hace una sumisa para pedirle lo mismo a su Amo?

Echo de menos los azotes

Recuerdo los azotes de la última vez. Ya entrada la noche, él echado en el sofá y yo de rodillas en el suelo. Se enfadó porque no le daba las gracias, le gusta que haya comunicación. Paró. Dijo que si no le decía si me estaban gustando no seguiría, que le parecía igual de mal que aquella vez que me corrí sin avisarle.

No recordé darle las gracias por esos azotes, porque los sentí diferentes. Normalmente pienso en la vara, el ruido que hace cortando el aire, la fuerza con la que mi Amo hará que choque contra mis nalgas... Pero esa vez pensé solo en el dolor, en cómo lo sentía yo sin pensar en el instrumento. Y ese dolor se transformó y dejó de ser dolor. Estaba tan confusa por el nuevo sentimiento que olvidé hablar con mi Amo.

Pudo ser, esta nueva sensación, porque pocos días antes había recibido muchos azotes y tal vez mi piel estaba acostumbrada. Recuerdo que mi Amo dijo que estaba impaciente por verme otra vez sin marcas.

Esto me hizo pensar en mi anterior Amo. Al contrario que a mi Amo, a él le ponía verme marcada y por eso siempre que me veía me azotaba hasta dejarme marcas que podían durar una semana. Tal vez por él yo también le cogí gusto a verme el culo amoratado.

Sé que a mi Amo le fastidia, pero cuando me deja marcas poderosas, me las miro y siempre digo que no son para tanto. No me sorprendo al vérmelas por estar acostumbrada a las de mi anterior Amo, pero a veces me deja el culo para enmarcar.

4/12/10

Otras sumisas, más experiencia

¿Cuáles son las razones para compartir a las sumisas con otros Amos?

Cuando aun estaba con mi primer Amo estaba impaciente porque me cediera, ver a otros Amos y otras sumisas. Era más morbo que otra cosa. Él también estaba interesado, pero no se pudo hacer por falta de tiempo. Ahora veo que me precipitaba al querer algo así, era demasiado pronto, me faltaba experiencia aunque yo me sintiera preparada.

Meses más tarde, ya con mi Amo, tuve mi primera experiencia con otro Amo y otra sumisa. Claro está, yo era la que menos experiencia tenía en esa casa. Me sentía un poco perdida, la niña que quería aprender y se dejaba llevar por los que sabían. Era la primera vez que veía cómo azotaban a otra sumisa. Me sentí mal por el dolor que se veía en su cara. Usaron un flogger. Nunca lo habían usado conmigo, no sabía cómo se sentía, así que se me hacía todavía más difícil pensar por lo que estaba pasando esa sumisa. Pero lo que más me impresionó fue ver a mi Amo azotándola.

Después fue mi turno y pude comprobar que el flogger me daba más placer que dolor. Debería comprar uno, de esos largos y pesados, solo de recordar esos azotes me dan escalofríos. Le pedía más y más azotes y aun ahora siento que fueron pocos. Yo que tenía la vara como mi instrumento favorito, con esas marcas preciosas, el dolor profundizando muy adentro... lo que me falta por descubrir.

Pero eso no fue todo lo que experimenté esa noche. La sumisa había acordado con su Amo que sería instruída como Ama. Sus primeros azotes a una sumisa y mis primeros de un Ama. Recostada sobre sus rodillas esperando los azotes, oía cómo su Amo le susurraba cómo debía hacerlo. Las dos estábamos nerviosas. Acarició mis nalgas y soltó un azote. Muy flojo. Le pedí uno más fuerte, pero al oir a su Amo me arrepentí. "Si la sumisa te pide más fuerte, no te controles" Subió la intensidad, justo como a mí me gustan, pero no llevaba un ritmo contínuo a pesar que su Amo le daba indicaciones. Los azotes cayeron más fuertes y a veces inesperados. Pero me gustó. Me sentía como un ratoncito de laboratorio. Recibía azotes, pero la atención la tenía la aprendiz de Ama.

Su Amo le dijo que debía recompensarme después de los azotes. No me lo esperaba y tampoco mi Amo, que al no oir lo que iba a pasar y ver que la sumisa me llevaba al sofá se apresuró a preguntar. Me gustó que preguntara, me siento protegida en estas situaciones porque sé que él las controla y si no quiere que algo me pase, lo corta.

Con pinzas en mis pezones y en mi coño esperaba mi recompensa. La sumisa empezó a lamerme y a tocarme. Mi Amo veía la escena. Me he dado cuenta que una de las cosas que más me gustan es sentir que mi Amo me observa en estas situaciones. Aunque a veces haga fotos o vídeos, verme en esa situación una vez ya ha pasado no me agrada, son mejores los recuerdos.

3/12/10

Dos semanas después

Dos semanas hacía que no nos veíamos a solas. Ha sido una excepción. Cuando empezamos nuestra relación, hace ya unos meses, me prometió sacar tiempo para vernos dos veces por semana como mínimo. Hasta ahora lo ha conseguido cumplir, no me siento abandonada como con mi anterior (y primer) Amo. Pero me gustaría poder verlo más, siempre se quiere un poquito más.

Sal a las 13.30 de casa, me dijo. Y así lo hice, sin esperar una llamada suya ni llamándole yo a él, por no molestarle. Pero cuando llegué al restaurante donde habíamos quedado tuve que esperar. Odio esperar. Mirando por la ventana, viendo pasar a los niños que salían del colegio, comprobando todos los coches y confundiéndolos todos con el suyo. Poco a poco el nerviosismo que sentía cuando había llegado se transformaba en frustración y me controlaba para no llamarle, para no enfadarme.

No pude evitar recordar los días en los que me tocaba esperar a mi anterior Amo. Me hacía esperar horas, nunca supe si lo hacía apropósito. Es diferente esperar en casa, en esas situaciones me daba tiempo a limpiarla de arriba a abajo unas cuantas veces. Pero ahora estaba en un restaurante.

Me llama. Lo veo en la calle. Ya no me importa la espera, podría haberle esperado mucho más sin moverme del sitio.

Se le ve contento, activo, como siempre. Es como si su energía englobara a la mía, solo con una mirada me siento tranquila, me siento suya. Le echaba de menos, a él y esa sensación. Solo pienso en que acabe la comida, en que me lleve a la habitación y haga conmigo lo que quiera. Y él lo sabe.

Paga la cuenta, salimos a la calle, los apartamentos están justo enfrente. Me gusta cómo me agarra del brazo cuando cruzamos. Ya estoy nerviosa.

La habitación es bonita, cada cuarto de un color. Me gusta ver los apartamentos que se alquilan por horas, no he estado en muchos, y aunque me sienta cómoda en esas habitaciones, me sigue resultando divertido ir a estos sitios. Me pregunta si quiero una sesión fuerte. Yo ya no puedo pensar, me tiemblan las piernas, solo quiero sentirme suya, que me domine, pero no sé decirle cómo. Me ordena que me desnude y me ponga a cuatro patas en el suelo mientras él se saca el cinturón. Tantas noches soñando con sus azotes, deseando ver las marcas en mi culo y cuando llega el momento estoy tan nerviosa que no puedo disfrutarlo completamente.

Me azotó el culo y la espalda (sabe que me gusta). Ahora tengo las marcas y las puedo mirar y recordar ese momento, justo antes de que hiciera que me corriera tan rápida e intensamente como nunca.

Me gusta ver cómo descansa en la cama después de la explosión de placer. Me gusta pensar que le hago feliz.

Fueron unas horas. Suficientes, cuando acabó estaba satisfecha y él también.

¡Pero ahora quiero más, un poquito más!