Solo he pasado un fin de semana como perra callejera y empiezo a sentir que esta situación no me gusta, pero mi cuerpo vuelve a pedir sumisión y nada más empezar a hablar con otro Dom, quedo con él para esa misma tarde.
Intento no pensar en lo que ha pasado, en que ya no tengo Amo, pero me llega un mensaje Suyo. No sé por qué me escribe y al principio dudo si debería responder. Pero la curiosidad me puede. Hablamos durante horas, en las que a ratos lloro, a ratos me enfado, a ratos lo echo de menos.
Finalmente decidimos vernos para dejarlo todo cerrado y seguir cada uno por nuestro lado.
Cuando lo vi se me puso el corazón en un puño. Intenté mantener una imagen de mujer segura de sus propias decisiones, hasta que me eché a llorar. Él estaba preocupado por mí, se le veía en la cara. Mientras yo estaba quedando con otros Doms él se preocupaba por su sumisa.
Esa preocupación por su sumisa era algo que necesitaba ver en Él. Ya no lo veía distante ni más preocupado en otras sumisas que en la suya propia, ahora lo veía protector, fuerte, digno de respeto y admiración.
Deseé ser la sumisa de ese Amo.
Entonces me preguntó qué había hecho durante el fin de semana. Me sentí muy avergonzada. Llevaba en mi culo las marcas de otro Dominante, mi casa estaba patas arriba por una de las sesiones del fin de semana y a mi móvil iban llegando mensajes del Dom que esa tarde me esperaba.
No quería que Él me viera así, no quería decirle lo que había pasado, pero tampoco podía mentirle. Subimos a mi casa.
Me dijo que Él sabía lo que había estado haciendo esos días, que me conocía y que por eso estaba preocupado por mí, pero que no se iba a enfadar. Insistió en verme las marcas que me habían dejado. Esa ha sido la única vez que me he sentido humillada ante mi Amo sin que Él lo hubiera provocado. De cara al espejo fui bajando los pantalones y vi que mi Amo cerraba los ojos y salía de la habitación. No entendí esa reacción. ¿Estaba triste porque su sumisa hubiera recibido esos azotes? ¿Estaba enfadado porque le hubiera dejado hacer algo así a otro Dom? ¿O, tal vez, se sentía decepcionado por no haberme dejado Él unas marcas como esas en tanto tiempo de relación?
Volvió y quiso hablar conmigo. Él también quería que fuera su sumisa. Ambos queríamos empezar de nuevo, llevar una relación mejor para los dos y esforzarnos porque lo que pasó ese fin de semana no volviera a pasar.
Han pasado ya algunos días desde que lo dejamos todo claro, desde que me volvió a aceptar como su sumisa y sigo sintiéndome extraña. No sé si me merecía una segunda oportunidad y me da miedo no saber aprovecharla. Pero sea lo que sea que venga, me esforzaré para seguir junto a Él.
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30/9/12
25/9/12
La perra se ha escapado.
Hace ya muchos meses que no escribo en el blog. Hace ya muchos meses que la relación con mi Amo ha cambiado.
Nos hemos distanciado, aunque nos hayamos visto casi todas las semanas. Los dos nos hemos sentido cada vez más solos. Él ya no era mi Amo y yo había dejado de ser su sumisa, solo éramos dos amigos que se aferraban a una relación que iba muriendo poco a poco.
Él estaba descontento por mi falta de interés y yo sentía que Él estaba más preocupado por otras sumisas que por mi. Como ya era de esperar, llegó un día en que discutimos, nos dijimos lo que no queríamos decirnos y finalmente ambos decidimos tomarnos un tiempo.
Era la primera vez que me sentía cómoda admitiendo que la relación iba mal y que era, en parte, culpa mía. Esas semanas que dijimos que nos tomaríamos para reflexionar se me plantearon como un descanso, una forma de ver la situación desde fuera. Quería hacer mi vida sin Él, pensé que así le echaría de menos y cuando volviéramos a hablar, las cosas irían de otra forma.
Pero solo tuve un día para mentalizarme de que estaba sola, porque esa noche Él vino a casa.
No entendía qué estaba pasando. ¿Cómo era posible que por la mañana los dos estuviéramos de acuerdo en tomarnos un tiempo y solo unas horas más tarde me intentara someter? Intenté no darle importancia, intenté que las cosas fluyeran, pero no podía. Mi cuerpo se negaba a obedecer.
Le dije que se fuera.
No tengo Amo. No soy de nadie. Ahora sí que estoy sola.
No me gustó esa última visita, no la entendí, me ofendió y me enfadé.
Reaccioné convirtíendome en una perra callejera.
- Mi ex-Amo.
En menos de 24 horas quedé con mi primer Amo. Sabía perfectamente lo que me iba a hacer, sabía que hace dos años se quedó con ganas de más, sabía que hasta podía tratarme mal. No confiaba en él, pero necesitaba sentirme la perra de alguien, tenía que demostrarme a mí misma que iba a estar bien sola, que no hacía falta tener un Dueño.
No lo traté con respeto, como hice el tiempo que estuvimos juntos. Pero a él no le importó, estaba dispuesto a someterme y utilizó mi rebeldía para aplicarme más castigos.
Me azotó sin remordimientos. Me azotó mucho más que a lo que estaba acostumbrada. Lloré, supliqué, intenté huir. Pero él siempre volvía a cogerme, despacio, me ponía en posición y seguía.
Me dejó las marcas más duras que he tenido en estos dos años de sumisión y al vérmelas me sentí bien. Me gustó intentar sentarme y ver que no podía apoyar mi culo castigado. Me gustó recibir ese castigo sin razón.
Cuando se despidió me trató como si fuera de su propiedad, pero yo lo tenía claro: no quiero un Amo. Aun me siento suya y no soporto ni siquiera llamar "Señor" a otro. No obedeceré fuera de sesión.
- El desconocido.
Después de un día de descanso mi cuerpo necesitaba de nuevo sentirse una perra.
Las sumisas no tenemos que hacer ningún esfuerzo para conseguir compañero de juegos y si además no tienes claro qué quieres y nadie te guía, la situación puede acabar siendo peligrosa.
No hablé con él más que unas horas. Quedamos entrada la noche y me recogió en su coche.
No sabía su nombre, no sabía dónde vivía, no sabía a dónde me llevaba. Estaba con un completo desconocido. Empecé a tener miedo. Recordé todas las historias que Él me había contado para que aprendiera a tener cuidado y me pregunté si yo iba a ser una historia más que contaría a su próxima sumisa.
Paró en un gasolinera para comprar alcohol. Sentí que me estaba metiendo en algo peligroso, él estaba dentro de la tienda y yo en su coche. Se había llevado las llaves. Abrí la puerta del coche, al menos no me había dejado encerrada dentro, fuera estaba todo tan oscuro, no sabía dónde estábamos, cerré la puerta del coche, no hay vuelta atrás.
Finalmente llegamos a una casa y casi me sentí decepcionada cuando vi los juguetes que iba a usar conmigo. Tan solo unas pinzas y poco más.
Me lo pasé bien. Ese nerviosismo de no saber qué va a pasar, de no saber ni siquiera dónde estás, con quién estás... Me puso caliente.
Pero no me sentí sometida en ningún momento.
12/1/11
Año Nuevo... ¡Amo nuevo?
Pero ¿qué le está pasando a mi Amo?
En el día de Reyes se cumplieron mis deseos. Mi cuerpo se estremeció cuando le oí decir que no iba a haber límites, que iba a ser su esclava. Me puse caliente solo de oír esas palabras de su boca, pero me vinieron a la cabeza algunas preguntas y preocupaciones ¿Superaría mi Amo algunos de los anteriores límites? ¿Sería yo capaz de aguantar o acabaría decepcionándole?
No hay límites.
Por primera vez sentí unos azotes con el cinturón duros que parecía que me iban a atravesar la espalda. Al primero quise huir. ¡Posición! Me quedé quieta y aguanté los siguientes sin respirar. No recuerdo si le di las gracias a mi Amo por aquellos azotes, pero creo que me gustaron.
Me hizo comerle la polla. Hasta el fondo. No era la primera vez, pero lo hizo con más fuerza agarrándome la cabeza. Cuando me la sacó de la boca tosí y me dijo que si lo necesitaba podía vomitar. Creo que quería hacerme vomitar o al menos no le habría importado que pasara. Tengo miedo de que llegue ese momento, me sentiría muy violenta, pasaría vergüenza además del malestar.
Tocan agujas. Coge una jeringuilla. Yo de rodillas con las manos a la espalda espero el pinchazo en el pecho. Toma impulso. ¡No puedo! Siento pánico con los primeros pinchazos. No quiero verlo, pero lo tengo delante. Se me saltan las lágrimas. No voy a poder, y se lo pedí yo. Quiero hacerlo, pero no consigo controlarme, me muevo en cuanto veo que se me acerca la aguja. Dice que me tranquilice y al final lo consigo. Pinchazo. No era para tanto, aunque las lágrimas no paran de correr por mi cara.
-Ahora lo vas a hacer tú.
Sabe que eso es imposible, ya lo intenté delante de él una vez y lo intenté a solas para practicar. La mano se me para antes de llegar a la piel, es un acto reflejo y eso no lo puedo controlar. Me coge la mano que lleva la jeringuilla. Lo haremos juntos. Casi no podía respirar del nerviosismo. Varios intentos y... pinchazo. No me lo puedo creer. No puedo describir lo que sentí.
Un poco mareada me lleva a la cama y sigue con las agujas. Ya estoy más tranquila y las aguanto mejor.
-Hazlo tú.
¿Otra vez? Lo hago lento. Cojo la aguja y la pongo sobre mi culo. El mira en silencio. Luché contra mí misma con todas mis fuerzas y solo conseguí atravesar la primera capa de piel. Noté cómo la rompía la aguja y tocaba la siguiente, más sensible y más dura.
-¡Hazlo! ¡Ahora!
Aprieto conscientemente y noto como mientras la aguja empieza a atravesar la segunda capa de piel una fuerza inconsciente empuja hacia arriba para sacarla. Grito y no tanto de dolor sino por la batalla mental que tengo que superar para obedecer a mi Amo. Y se rompe la segunda capa y el resto del camino es blando.
Vi que a mi Amo le gustaba ver eso. Me quitó la aguja y me preguntó si podría hacerlo otra vez.
-Sí.
Me encuentro con que la aguja vuelve a mis manos y tengo que repetir todo el proceso de nuevo, esta vez con más facilidad.
Como siempre me dijo que no comprara agujas, que no las necesitaba. Sé que le gustan, y de vez en cuando me apetece usarlas, me gusta tener alguna es casa, por si acaso.
Acabó el día y pensé que volvía a ser su sumisa, no su esclava, que volvía a tener mis límites, que sólo había sido una prueba.
Hoy he vuelto a ser esclava sin límites.
No sabía si esta situación le iba a gustar a mi Amo. No sé si él ha cambiado o es nuestra relación, tal vez tengamos más confianza (yo la siento, pero no puedo evitar pensar en ello) Desde Navidades he notado un cambio en mi Amo, un cambio en mí y un cambio en nuestra relación. ¿A dónde nos lleva esto?
Ahora necesito que alguien me explique qué significa "no tener límites". ¿Cómo debo comportarme desde ahora? ¿Esperará mi Amo algo de mí en lo que aun no he pensado?
En el día de Reyes se cumplieron mis deseos. Mi cuerpo se estremeció cuando le oí decir que no iba a haber límites, que iba a ser su esclava. Me puse caliente solo de oír esas palabras de su boca, pero me vinieron a la cabeza algunas preguntas y preocupaciones ¿Superaría mi Amo algunos de los anteriores límites? ¿Sería yo capaz de aguantar o acabaría decepcionándole?
No hay límites.
Por primera vez sentí unos azotes con el cinturón duros que parecía que me iban a atravesar la espalda. Al primero quise huir. ¡Posición! Me quedé quieta y aguanté los siguientes sin respirar. No recuerdo si le di las gracias a mi Amo por aquellos azotes, pero creo que me gustaron.
Me hizo comerle la polla. Hasta el fondo. No era la primera vez, pero lo hizo con más fuerza agarrándome la cabeza. Cuando me la sacó de la boca tosí y me dijo que si lo necesitaba podía vomitar. Creo que quería hacerme vomitar o al menos no le habría importado que pasara. Tengo miedo de que llegue ese momento, me sentiría muy violenta, pasaría vergüenza además del malestar.
Tocan agujas. Coge una jeringuilla. Yo de rodillas con las manos a la espalda espero el pinchazo en el pecho. Toma impulso. ¡No puedo! Siento pánico con los primeros pinchazos. No quiero verlo, pero lo tengo delante. Se me saltan las lágrimas. No voy a poder, y se lo pedí yo. Quiero hacerlo, pero no consigo controlarme, me muevo en cuanto veo que se me acerca la aguja. Dice que me tranquilice y al final lo consigo. Pinchazo. No era para tanto, aunque las lágrimas no paran de correr por mi cara.
-Ahora lo vas a hacer tú.
Sabe que eso es imposible, ya lo intenté delante de él una vez y lo intenté a solas para practicar. La mano se me para antes de llegar a la piel, es un acto reflejo y eso no lo puedo controlar. Me coge la mano que lleva la jeringuilla. Lo haremos juntos. Casi no podía respirar del nerviosismo. Varios intentos y... pinchazo. No me lo puedo creer. No puedo describir lo que sentí.
Un poco mareada me lleva a la cama y sigue con las agujas. Ya estoy más tranquila y las aguanto mejor.
-Hazlo tú.
¿Otra vez? Lo hago lento. Cojo la aguja y la pongo sobre mi culo. El mira en silencio. Luché contra mí misma con todas mis fuerzas y solo conseguí atravesar la primera capa de piel. Noté cómo la rompía la aguja y tocaba la siguiente, más sensible y más dura.
-¡Hazlo! ¡Ahora!
Aprieto conscientemente y noto como mientras la aguja empieza a atravesar la segunda capa de piel una fuerza inconsciente empuja hacia arriba para sacarla. Grito y no tanto de dolor sino por la batalla mental que tengo que superar para obedecer a mi Amo. Y se rompe la segunda capa y el resto del camino es blando.
Vi que a mi Amo le gustaba ver eso. Me quitó la aguja y me preguntó si podría hacerlo otra vez.
-Sí.
Me encuentro con que la aguja vuelve a mis manos y tengo que repetir todo el proceso de nuevo, esta vez con más facilidad.
Como siempre me dijo que no comprara agujas, que no las necesitaba. Sé que le gustan, y de vez en cuando me apetece usarlas, me gusta tener alguna es casa, por si acaso.
Acabó el día y pensé que volvía a ser su sumisa, no su esclava, que volvía a tener mis límites, que sólo había sido una prueba.
Hoy he vuelto a ser esclava sin límites.
No sabía si esta situación le iba a gustar a mi Amo. No sé si él ha cambiado o es nuestra relación, tal vez tengamos más confianza (yo la siento, pero no puedo evitar pensar en ello) Desde Navidades he notado un cambio en mi Amo, un cambio en mí y un cambio en nuestra relación. ¿A dónde nos lleva esto?
Ahora necesito que alguien me explique qué significa "no tener límites". ¿Cómo debo comportarme desde ahora? ¿Esperará mi Amo algo de mí en lo que aun no he pensado?
4/1/11
¿Estás enfadado conmigo por lo de ayer?
Días extraños estos últimos. No lo voy a negar, he llorado por lo que ha pasado.
¿Estás enfadado conmigo por lo de ayer? Sé que no estaba concentrada. ¿Pero cómo iba a estarlo después de esperar dos horas en el salón, sola, mientras tú estabas con esa chica que ni conocíamos en mi habitación, con mis juguetes, agotando el tiempo que tanto deseaba pasar contigo?
En ese tiempo estuve pensando cómo debía sentirme. Al principio estaba interesada por lo que podía pasar. Tal vez me llamaras para participar. Tal vez salierais para hacer una sesión en el salón con los demás instrumentos que había colocado encima de la mesa, como me habías ordenado. No conseguía oir todo lo que pasaba. No, le oía a la chica, y me preocupaba, porque a lo mejor te enfadabas o te decepcionabas. "Es que eso no me gusta", ¿y para qué acepta una sesión con un Amo si no es sumisa? Cada vez veía más dificil que me llamaras.
Y entonces te asomas. "Vete al otro cuarto, que quiere ir al baño" ¿Qué? ¿Ni siquiera se atreve a pasar desnuda por delante de mi? Cada vez lo veo todo más negro y me preguntas que si quiero pasar a la habitación. No, claro que no quiero, llevo una hora aburrida y semicabreada fumando en el salón sin hacer nada, lo que menos me apetece es meterme en un cuarto con una niña que se va a negar a todo en redondo.
Ahí estaba la niña que no hacía nada por tí, aprovechada y maleducada, pero tú no hacías nada para que se fuera, para pasar el tiempo conmigo. Dos semanas sin vernos y metes en mi casa una desconocida impertinente.
¿Cómo me tengo que sentir? No me gustó. Ya te lo dije. No me gustó y no me pareció bien lo que pasó ni cómo lo llevaste.
Desde ahora digo, y espero que aceptes, que en mi casa no entra nadie.
Intentaste arreglarlo. Te quedaste más tiempo del que tenías pensado. Pero no fue bien. "No hubo conexión", como tú dijiste. Yo necesitaba más tiempo y creo que tú lo sabías. Te pedí muchas cosas en esa "Carta para los Reyes Magos" que me hiciste postear aquí. No obtuve ninguna. No te lo reprocho, por supuesto que no. Pero no me quedé satisfecha. Quería recordar los azotes y volver a disfrutarlos, no pude. Quería superar límites también con agujas, las nombraste al principio de la tarde, luego se olvidó. Quería pasar tiempo contigo, guardé toda la tarde para tí, y me la robó una desconocida.
Pero hoy, otro día, te noto diferente. Yo no estoy enfadada. No te reprocho nada. Fue un día que no nos gustó, ya está, se pasó. Pero te noto distante. Esperarías más de mí después de todo eso. Yo no estuve a la altura. Tal vez creíste que me había enfadado contigo.
¿Estás enfadado conmigo por lo de ayer?
¿Estás enfadado conmigo por lo de ayer? Sé que no estaba concentrada. ¿Pero cómo iba a estarlo después de esperar dos horas en el salón, sola, mientras tú estabas con esa chica que ni conocíamos en mi habitación, con mis juguetes, agotando el tiempo que tanto deseaba pasar contigo?
En ese tiempo estuve pensando cómo debía sentirme. Al principio estaba interesada por lo que podía pasar. Tal vez me llamaras para participar. Tal vez salierais para hacer una sesión en el salón con los demás instrumentos que había colocado encima de la mesa, como me habías ordenado. No conseguía oir todo lo que pasaba. No, le oía a la chica, y me preocupaba, porque a lo mejor te enfadabas o te decepcionabas. "Es que eso no me gusta", ¿y para qué acepta una sesión con un Amo si no es sumisa? Cada vez veía más dificil que me llamaras.
Y entonces te asomas. "Vete al otro cuarto, que quiere ir al baño" ¿Qué? ¿Ni siquiera se atreve a pasar desnuda por delante de mi? Cada vez lo veo todo más negro y me preguntas que si quiero pasar a la habitación. No, claro que no quiero, llevo una hora aburrida y semicabreada fumando en el salón sin hacer nada, lo que menos me apetece es meterme en un cuarto con una niña que se va a negar a todo en redondo.
Ahí estaba la niña que no hacía nada por tí, aprovechada y maleducada, pero tú no hacías nada para que se fuera, para pasar el tiempo conmigo. Dos semanas sin vernos y metes en mi casa una desconocida impertinente.
¿Cómo me tengo que sentir? No me gustó. Ya te lo dije. No me gustó y no me pareció bien lo que pasó ni cómo lo llevaste.
Desde ahora digo, y espero que aceptes, que en mi casa no entra nadie.
Intentaste arreglarlo. Te quedaste más tiempo del que tenías pensado. Pero no fue bien. "No hubo conexión", como tú dijiste. Yo necesitaba más tiempo y creo que tú lo sabías. Te pedí muchas cosas en esa "Carta para los Reyes Magos" que me hiciste postear aquí. No obtuve ninguna. No te lo reprocho, por supuesto que no. Pero no me quedé satisfecha. Quería recordar los azotes y volver a disfrutarlos, no pude. Quería superar límites también con agujas, las nombraste al principio de la tarde, luego se olvidó. Quería pasar tiempo contigo, guardé toda la tarde para tí, y me la robó una desconocida.
Pero hoy, otro día, te noto diferente. Yo no estoy enfadada. No te reprocho nada. Fue un día que no nos gustó, ya está, se pasó. Pero te noto distante. Esperarías más de mí después de todo eso. Yo no estuve a la altura. Tal vez creíste que me había enfadado contigo.
¿Estás enfadado conmigo por lo de ayer?
1/1/11
Contradicción de las órdenes
Muchas veces me he visto en una situación en la que una orden de mi Amo contradecía otra. Esta es posiblemente una de esas situaciones.
Me prohibió hablar con otros Amos, ya fuera por chat, cara a cara (con mi anterior Amo) e incluso aquí en el blog, solo contestar escuetamente y adiós. Pero ahora también me ha dado la responsabilidad de buscar gente con la que compartir experiencias.
Buscando por chats tarde o temprano me iba a encontrar a algún Amo. Si es un Amo que solo busca robar sumisas, adiós, eso lo tengo fácil. Pero ¿qué pasa cuando es un Amo que quiere compartir a su sumisa con el mío?
¡Lo admito, he hablado con Amos! Amos que se interesaban cuando les decía que era sumisa e iba buscando una chica para mi Amo, Amos que me intentaban liar y les tenía que dar esquinazo cambiándome y recambiándome el nick y Amos que querían ofrecer a su sumisa a cambio de poder jugar conmigo.
El entrar tantas veces al mismo chat hace que empieces a reconocer a la gente solo por su nick, y parece que ellos también reconocen los míos. El otro día uno de estos Amos habló conmigo:
-Buscas sumisa, ¿eh? Yo también, hoy es buen día, ¡hay muchas!
Me sentí como en un mercado de esclavas, comentando cuántas había, como quien pasea por la plaza del pueblo hablando de los turistas.
Espero que esto no le parezca mal a mi Amo y que ya hubiera pensado que podía pasar encomendándome este reto y esta responsabilidad.
Me prohibió hablar con otros Amos, ya fuera por chat, cara a cara (con mi anterior Amo) e incluso aquí en el blog, solo contestar escuetamente y adiós. Pero ahora también me ha dado la responsabilidad de buscar gente con la que compartir experiencias.
Buscando por chats tarde o temprano me iba a encontrar a algún Amo. Si es un Amo que solo busca robar sumisas, adiós, eso lo tengo fácil. Pero ¿qué pasa cuando es un Amo que quiere compartir a su sumisa con el mío?
¡Lo admito, he hablado con Amos! Amos que se interesaban cuando les decía que era sumisa e iba buscando una chica para mi Amo, Amos que me intentaban liar y les tenía que dar esquinazo cambiándome y recambiándome el nick y Amos que querían ofrecer a su sumisa a cambio de poder jugar conmigo.
El entrar tantas veces al mismo chat hace que empieces a reconocer a la gente solo por su nick, y parece que ellos también reconocen los míos. El otro día uno de estos Amos habló conmigo:
-Buscas sumisa, ¿eh? Yo también, hoy es buen día, ¡hay muchas!
Me sentí como en un mercado de esclavas, comentando cuántas había, como quien pasea por la plaza del pueblo hablando de los turistas.
Espero que esto no le parezca mal a mi Amo y que ya hubiera pensado que podía pasar encomendándome este reto y esta responsabilidad.
19/12/10
Desconfianza.
Suena el teléfono. Me dice que coja el ordenador y todos los juguetitos que quiera. Me hago con un par de bolsas hasta arriba solo para un día, hasta me falta espacio. Me bajo a la esquina de mi calle a esperarle. Como siempre he llegado con demasiado tiempo y me dedico a mirar los coches. Hay que ver cómo se parecen todos al suyo... Tan cargada como voy de cacharros y con la vara asomando del bolso la gente me mira raro, ¿o es mi imaginación? Cuando paseo con la vara en el bolso no paro de pensar en qué puede pensar la gente al verla "¿será una guía para las plantas? ¿un bastón?", me da pánico que alguien sepa lo que es y me diga algo o lo comenten, me daría mucha vergüenza (no sé por qué)
Me recoge en su coche.
En el viaje me siento rara. Me toca la cara y solo con ese roce ya tengo ganas de que me someta, pero por otra parte no estoy a gusto. ¿Será que hace mucho que no nos vemos? Nos quedamos callados. No me molestan los silencios y él una vez me dijo que tampoco le molestaban, pero ya me ha visto rara, seguro que está incómodo. Yo al menos lo estaba. Tenía muchas ganas de verle, pasar una tarde tranquila con él y estaba muy contenta porque me llevara a su casa y quisiera pasar el fin de semana conmigo.
Aun ahora no consigo entender por qué estuve así. Tenía pensamientos en la cabeza que no eran míos y acabé confundiéndome con lo que realmente pensaba. ¡Esta manía mía de analizar las situaciones combinada con mi especial pesimismo, a veces da malos resultados!
Me desnudó y empezó a azotarme con la vara. Hacía ya mucho tiempo que no me azotaba con la vara y no conseguía concentrarme. Los golpes que según él antes hacían que me corriera ahora me hacían llorar. No me creí que siempre hubieran sido así. Cuando me vi las marcas volví a desconfiar de él. Eran moratones y me escocía la piel, normalmente no me deja tanta marca. ¿Me mintió o es que ese día tenía la piel más sensible? Ahora ya no me importa. Estuve respondona, estuve rebelde, insumisa. No tenía ganas de pelea, pero la provocaba.
Después de muchos lloros de arrepentimiento, y de una cena, me dijo que me dejaría en mi casa. Sentí que me echaba. No quería estar conmigo por haberme comportado como una cría sin razón. Realmente no hubo razón, pudo ser por cansancio, pudo ser por estupidez... Y ahora me echaba. Me lo tenía merecido.
Pero las cosas cambiaron, también sin razón. Y dejó que me quedara a dormir con él. No sabrá cuánto se lo agradezco.
Me recoge en su coche.
En el viaje me siento rara. Me toca la cara y solo con ese roce ya tengo ganas de que me someta, pero por otra parte no estoy a gusto. ¿Será que hace mucho que no nos vemos? Nos quedamos callados. No me molestan los silencios y él una vez me dijo que tampoco le molestaban, pero ya me ha visto rara, seguro que está incómodo. Yo al menos lo estaba. Tenía muchas ganas de verle, pasar una tarde tranquila con él y estaba muy contenta porque me llevara a su casa y quisiera pasar el fin de semana conmigo.
Aun ahora no consigo entender por qué estuve así. Tenía pensamientos en la cabeza que no eran míos y acabé confundiéndome con lo que realmente pensaba. ¡Esta manía mía de analizar las situaciones combinada con mi especial pesimismo, a veces da malos resultados!
Me desnudó y empezó a azotarme con la vara. Hacía ya mucho tiempo que no me azotaba con la vara y no conseguía concentrarme. Los golpes que según él antes hacían que me corriera ahora me hacían llorar. No me creí que siempre hubieran sido así. Cuando me vi las marcas volví a desconfiar de él. Eran moratones y me escocía la piel, normalmente no me deja tanta marca. ¿Me mintió o es que ese día tenía la piel más sensible? Ahora ya no me importa. Estuve respondona, estuve rebelde, insumisa. No tenía ganas de pelea, pero la provocaba.
Después de muchos lloros de arrepentimiento, y de una cena, me dijo que me dejaría en mi casa. Sentí que me echaba. No quería estar conmigo por haberme comportado como una cría sin razón. Realmente no hubo razón, pudo ser por cansancio, pudo ser por estupidez... Y ahora me echaba. Me lo tenía merecido.
Pero las cosas cambiaron, también sin razón. Y dejó que me quedara a dormir con él. No sabrá cuánto se lo agradezco.
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